Dios les guarde,
Como no puede ser menos, volvemos por nuestros clásicos fueros. Que no son otros que decir sencilla, pura y llanamente lo que nos parece acerca de lo que sucede alrededor nuestro.
Por unos azares azarosos de narices, donde se entrecruzaron la improvisación, la falta de cobertura, las prisas, los pertinaces problemas de aparcamiento y los restaurantes gallegos de menú promocional, nos vimos en un concierto de esos de festival. Festival, entendiendo que por un precio único y muy moderado, ves 4 o 6 grupos de la misma disquera. Es verdad que hemos arriesgado muchas veces y que eso nos ha dado alguna alegría, mucho quebranto, y sí, infinitas risas. Bueno y también vergüenza ajena, porque no decirlo.
En esta cosa, al llegar vimos una reunión de gente subida al escenario, que eran legión. Legión, pero sin una batería que llevarse a la boca. Más guitarras que los Travelling willburys o si lo prefieren un video de Hanna Montana o un anuncio de esos de Danonino, donde se ve a preadolescentes poniendo poses a camara y haciendo cucamonas. Aquí, no había pose, no. Había años, aunque según sonaba eran años que se habían dedicado a estudiar arquitectura o ingeniera industrial o algo así muy denso, que te encierra en una habitación por 14 años o más. Y cuando sales de esa cueva, con el aprobado raspado entre los dientes, pues resulta que tienes que recuperar el tiempo perdido. Y recuperando recuperando, pues a escena una cuchipanda de 16 seres, sumando tres siglos en lo alto de lo alto. Y sin ritmo alguno, ni por un segundo. Y después de pensar todo esto, termina eso.
Viene un chico con un teclado así grande,como de profesional o de papa pikillo ( aka "de la cabra", para los más talludos de ustedes) y ponen dos micrófonos. La gente habla y va a lo suyo. Ponen discos desde la mesa. De repente, sale una señora. Saluda al micro, que acopla. Ponen otra canción y la señora susurra y acopla más todavía. Es un disco, es un karaoke puro, pero acoplado. Se quejan a la mesa. Suben el volumen, para intentar evitar los chirridos. Termina la canción. El señor coge una mandolina, y creo que podría perfectamente ser una bandurria. Ponen otro disco y la chica susurra encima, y acopla. Dice que el disco sonará mejor. Empieza otra canción. El público sigue hablando y a lo suyo. Termina el concierto. Se van. Ponen otra canción.
Miro al público. Todo el mundo, aunque es sábado, parece que ha salido de una larga jornada laboral, barba de Rajoy incluida. O de Miquelón Bosé, si fuera posible. De ellas, casi no puedo hablar, porque no hay ellas. Casi parece cualquier legendario concierto de power pop australiano. No van ni las novias, pero en este caso, no hay música alguna.
Tomamos una cerveza no dando crédito a lo que está pasando. He visto funciones infantiles con más profesionalidad y falta de cuajo. El ejercicio de morro es supino. Bajan la música, veo un montón de chicos que también se han sacado una durísima carrera de ciencias. O escuchando hablar a ese señor, debo decir que casi. También suman 3 siglos. También tienen barba. Quizás hasta las dos chicas que están con ellos. Hacen una versión de un grupo que no conocen. Lo disimulan. Tienen batería, pero no sabe tocarla. Saludan al público, como en una verbena. La gente está a lo suyo y pasa. Ponen una canción. La gente sube a fumar, pienso en ese momento que todos deberían irse a afeitar y parecer que han salido de noche, no de la oficina. Se va el disquero, vienen toneladas de buitres y ponen algo similar al house ese en el equipo de sonido.
Bien, una noche fallida Stapresto, de esas mil. Y puede que sea verdad, que cuando sales siempre, las malas noches te dan igual, mañana habrá más y no pasa nada. Pero la verdad es que ver esos grupos o mejor dicho personas supuestamente independientes..., me dejó el mismo cuerpo que cuando ves delante de tus narices algo de mucha vergüenza ajena o enorme desvergüenza, según se mire. Y di gracias a Allah, Budah, Jehova y Bramah, por haberme permitido poner ese programa de radio hace casi 30 años, donde pinchaban new wave y revival mod. No me puedo imaginar que hubiera pasado si no, en esa noche infausta en el Siroco, quizás un cinturón, quizás una bombona lapa, o mi forma favorita de venganza , un single de Dobie Gray, abajo en el suelo, para acabar con ellos. Muertos todos por una sobredosis de emoción real.
En fin, suerte en la vida y hasta siempre...
No hay comentarios:
Publicar un comentario