domingo, 29 de enero de 2012

La primera célula


Dios les guarde,

En el principio de todo, fue la nada. Hasta ahí podríamos llegar. Y posteriormente, fue la célula. Una de mis historias favoritas, historias sin ninguna utilidad y por ello mismo, seguro que cargadas de verdad, es conocer el porvenir de la primera célula humana. Si, el embrión fecundado. Se puede pensar, que muta, que cambia, que se funde, que desaparece; o que directamente crece como si fuera una especie de virus y le salen nariz y ojos y pies y brazos, hasta convertirse en persona; o que esa primera célula, directamente muere para gemarse y dar lugar a otras células que a su vez dan lugar a otras células que a su vez. Pues no. Según un muy interesante manual (tocho, decíamos en el siglo pasado) de anatomía cerebral, esa primera célula, ese génesis natural, resiste con vida. Y se va colocando para convertirse en una pieza que va a cumplir una función. Esa única célula, que tiene el código genético del padre y de la madre. Esa célula que es la más vieja, la primera, la más lista, la más innovadora, y así, la más de lo más, se convierte en una pieza del oído interno. Así que lo primero que hacemos, no es nadar, ni ver, ni protestar, ni quejarnos. No. Lo primero que hacemos es oír. Y por ello, la música es lo primero que hay, el sonido, antes que el agua o la luz o la comida. Por eso, para algunas personas que por suerte o por desgracia, no nos hemos quedado sordas por el enorme ruido que nos rodea, la música es lo primero. Lo primigenio, y alrededor de ella, se van colocando los demás sentidos y sin sentidos, las demás experiencias e intereses, que seguro que son más aparentes y aparentemente, más importantes. Pero desde luego, no son los primeros.

También, como esa pequeña  célula, este blog es el primero. Esperamos que se desarrolle en diferentes órganos, en diferentes visiones y gustos y asuntos más o mucho más divertidos. Al menos, para las células vecinas a mí. Puesto que el sonido se transmite lejos, muy lejos rápido y se mantiene por mucho tiempo, este pequeño esfuerzo, seguro que vale la pena.

Y como todos nosotros somos eso, pequeñas células, todas perdidas, pero también todas musicales, no estaremos quizás tan solos escuchando todo lo que hay alrededor de ese mundo moderno.

Bueno, va bien, hasta siempre, suerte en la vida.


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